El reloj de carillón.
Bueno, este relato acaba de participar en un concurso con otros 20, y ha quedado el tercero, si, si, ni más ni menos que el tercero, empatado con el segundo, así que creo que merece la pena que lo leáis.
Ah, se me olvidaba, que despistado que soy ...
... por la cola.
¡El tercero empatado con el segundo, empezando por la cola!.
Con tres míseros puntos, cuando el ganador ha sacado cincuenta y tantos.
Snif, snif, snif. bua, bua, bua.
Hago un hincapié. Es que pues ... veréis ... resulta que los participantes en el concurso se votaban entre si y claro, pues está claro, para no restarse puntos a ellos y así ganar, -pues no se podían votar a si mismos-, en vez de votar a los relatos que más les gustaban, pues votaban a los que menos les gustaban, y por eso, este ha quedado en esa posición. Juas. En fin. De algo hay que consolarse, ¿no?.
El reloj de carillón
En tiempo inmemorial, ese tiempo antiguo no fijado de forma fehaciente por legajos, ni documento alguno, ni aun por los testigos más ancianos, - si es que acaso en algún instante existiese -, sobre el monte del Olimpo, los dioses griegos jugaban a ser mitología, observando el devenir de unas insignificantes criaturas dedicadas a poblar un espacio efímero del orbe.
Cronos, el Dios grecolatino del Tiempo, que a través de los ojos de los relojes de péndulo escudriñaba el acaecer de los mortales, contempló intrigado una escena enigmática. Alguien le invocaba, le rememoraba a través del espacio, le adulaba con lisonjas, y él, presuntuoso, vanidoso, deseoso de ser halagado se detuvo a observar.
Una mujer de singular figura, austera y sentimental, leía en un libro, cómica y tiernamente, el pasaje donde el Sombrerero le contaba a Alicia que si fuese amiga del Tiempo podría hacer lo que quisiera
.. pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj
- He querido, he deseado por un momento... Murmuro en un susurro, y una lágrima humedeció sus párpados. - ...ser amiga del Tiempo y demandarle una máquina con la cual poder volar hacia mis recuerdos del pasado, hacía mi vida perdida en la edad !
Yo construiré para ti esa máquina -Sonrió Cronos con melancolía y compasión desde su observatorio- Pobre criatura solitaria, errante y triste ¿Por qué me inspira sentimientos de amor y dulzura? . Acaso tan solo Afrodita la alcance en belleza.
Y ella levantó la vista del libro hacia el reloj de carillón, creyendo haber oído. El cajetín estaba abierto y le invitaba a entrar, ella anhelaba su pasado, su juventud perdida, las risas, las locuras, la capacidad de asombro, el descubrir el enigma de las verdades ocultas, la sensación eufórica del primer beso y del primer acto de amor y cuando Cronos le ofreció el viaje dijo si. No le importaba ser el conejillo de indias de la máquina del tiempo, la cual consistía en extraer recuerdos vividos y pasados de su mente y recrearlos otra vez como una pieza de teatro, pero ¿Se estaría volviendo loca? ¿Estaría soñando como Alicia?.
Se introdujo en el reloj de pared, y en la oscuridad dos ojos rutilantes la miraban, y oyó dentro una voz que le aseveraba:
- Tú me has tratado como a un antiguo amigo, con franqueza cordial, y por ello tendrás tu deseo, este es mi regalo, es una máquina del tiempo, sólo cógete de mi mano y volaremos al lugar y tiempo de tu ensueño.
Se dejó llevar, algo tan quimérico era demasiado absurdo para no ser real, si había enloquecido, era una locura mágica e iba a vivirla, no importase lo embrujada que fuese.
Sintió la caricia de unas manos abandonadas sobre las suyas, un palpitar de otro cuerpo y un estremecimiento ajeno, e intuyó el deseo, un sentimiento que no confundiría con nada, proviniese de un mortal ó de un Dios, el sentimiento ajeno y amoroso de un hombre.
¡Cronos se había enamorado!
Y ella deseó volver a tener veinte años, al amor de antaño, a ese atardecer de verano en la costa, en las cumbres, y el Dios del Tiempo allá la llevó.
Allí estaba ahora, caminando por el borde del abismo, sobre un mar anchuroso que removía sus pequeñas ondas a cien metros de profundidad; asido al talle del joven más romántico y dulce que jamás conociese.
Había escogido el lugar y el tiempo del pasado en que su vida perdió el rumbo, el sentido, el instante anterior al vuelo hacia la nada, pues ella, inocente e ingenua, creyó poder cambiar el rumbo del destino. Fue ahí delante, unos metros más allá, donde el cuerpo se precipitó a la negrura azulada y asesina de las rocas del acantilado y ahora ella estaba allí de nuevo y lo impediría, no le iba a dejar caer. Le detuvo. Se besaron con pasión mientras la fresca brisa salada le atusaba los cabellos. Le obligó a volver, a regresar, a no seguir más allá, abrazándolo con ansiedad, rayando el paroxismo de la histeria.
No lo volvería a perder por segunda vez.
Y entonces sintió como sus brazos dejaban de abrazar, sintió una fuerza impetuosa y brusca que les separaba y volvió a ver los ojos rutilantes del reloj de pared y al Tiempo hecho brisa que revoloteaba alejándolos e intuyó unas manos que empujaban un cuerpo al abismo y un grito y sus lágrimas de impotencia y de nuevo la brisa jugando con su pelo y sintió la caricia de las manos de Cronos sobre su rostro, y ella palmeó el aire, intentando arrancar aquella pesadilla hecha áurea sobre su faz y sintiose cómplice culpable de aquel crimen.
- ¡Tú le mataste ¡ - gritó sollozando al vacío- ¡Tú le has matado¡ . ¿Por qué ? .
y recordó la sensación, el estremecimiento amoroso del dios del Tiempo y lo entendió todo.
Por celos, por amor.
- Si no te hubiese conocido, él quizá seguiría vivo ya que tú eres su asesino.
Quiero quiero regresar al futuro inmediato, a ese instante anterior a mi deseo de ser tu amiga, a ese instante en que el reloj de pared aun no era nada mas que un simple reloj y tú aun no existías. ¡Maldito seas! .
Sintió la caricia de unas invisibles manos temblorosas sobre las suyas, unas manos de un Dios que sabía que había perdido la amistad de aquella mujer para siempre, el amor que nunca le daría y a cambio había ganado su odio y su rencor infinitos.
Cronos, por deseo de ella, la regresó al presente y
- ¿Por qué estás destrozando el reloj, cariño? le preguntó confundido el hombre con el cual caminara un día, juntos, por el borde del abismo-
- Porque no quiero que el Tiempo te arrebate de mi lado.
Ah, se me olvidaba, que despistado que soy ...
... por la cola.
¡El tercero empatado con el segundo, empezando por la cola!.
Con tres míseros puntos, cuando el ganador ha sacado cincuenta y tantos.
Snif, snif, snif. bua, bua, bua.
Hago un hincapié. Es que pues ... veréis ... resulta que los participantes en el concurso se votaban entre si y claro, pues está claro, para no restarse puntos a ellos y así ganar, -pues no se podían votar a si mismos-, en vez de votar a los relatos que más les gustaban, pues votaban a los que menos les gustaban, y por eso, este ha quedado en esa posición. Juas. En fin. De algo hay que consolarse, ¿no?.
El reloj de carillón
En tiempo inmemorial, ese tiempo antiguo no fijado de forma fehaciente por legajos, ni documento alguno, ni aun por los testigos más ancianos, - si es que acaso en algún instante existiese -, sobre el monte del Olimpo, los dioses griegos jugaban a ser mitología, observando el devenir de unas insignificantes criaturas dedicadas a poblar un espacio efímero del orbe.
Cronos, el Dios grecolatino del Tiempo, que a través de los ojos de los relojes de péndulo escudriñaba el acaecer de los mortales, contempló intrigado una escena enigmática. Alguien le invocaba, le rememoraba a través del espacio, le adulaba con lisonjas, y él, presuntuoso, vanidoso, deseoso de ser halagado se detuvo a observar.
Una mujer de singular figura, austera y sentimental, leía en un libro, cómica y tiernamente, el pasaje donde el Sombrerero le contaba a Alicia que si fuese amiga del Tiempo podría hacer lo que quisiera
.. pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj
- He querido, he deseado por un momento... Murmuro en un susurro, y una lágrima humedeció sus párpados. - ...ser amiga del Tiempo y demandarle una máquina con la cual poder volar hacia mis recuerdos del pasado, hacía mi vida perdida en la edad !
Yo construiré para ti esa máquina -Sonrió Cronos con melancolía y compasión desde su observatorio- Pobre criatura solitaria, errante y triste ¿Por qué me inspira sentimientos de amor y dulzura? . Acaso tan solo Afrodita la alcance en belleza.
Y ella levantó la vista del libro hacia el reloj de carillón, creyendo haber oído. El cajetín estaba abierto y le invitaba a entrar, ella anhelaba su pasado, su juventud perdida, las risas, las locuras, la capacidad de asombro, el descubrir el enigma de las verdades ocultas, la sensación eufórica del primer beso y del primer acto de amor y cuando Cronos le ofreció el viaje dijo si. No le importaba ser el conejillo de indias de la máquina del tiempo, la cual consistía en extraer recuerdos vividos y pasados de su mente y recrearlos otra vez como una pieza de teatro, pero ¿Se estaría volviendo loca? ¿Estaría soñando como Alicia?.
Se introdujo en el reloj de pared, y en la oscuridad dos ojos rutilantes la miraban, y oyó dentro una voz que le aseveraba:
- Tú me has tratado como a un antiguo amigo, con franqueza cordial, y por ello tendrás tu deseo, este es mi regalo, es una máquina del tiempo, sólo cógete de mi mano y volaremos al lugar y tiempo de tu ensueño.
Se dejó llevar, algo tan quimérico era demasiado absurdo para no ser real, si había enloquecido, era una locura mágica e iba a vivirla, no importase lo embrujada que fuese.
Sintió la caricia de unas manos abandonadas sobre las suyas, un palpitar de otro cuerpo y un estremecimiento ajeno, e intuyó el deseo, un sentimiento que no confundiría con nada, proviniese de un mortal ó de un Dios, el sentimiento ajeno y amoroso de un hombre.
¡Cronos se había enamorado!
Y ella deseó volver a tener veinte años, al amor de antaño, a ese atardecer de verano en la costa, en las cumbres, y el Dios del Tiempo allá la llevó.
Allí estaba ahora, caminando por el borde del abismo, sobre un mar anchuroso que removía sus pequeñas ondas a cien metros de profundidad; asido al talle del joven más romántico y dulce que jamás conociese.
Había escogido el lugar y el tiempo del pasado en que su vida perdió el rumbo, el sentido, el instante anterior al vuelo hacia la nada, pues ella, inocente e ingenua, creyó poder cambiar el rumbo del destino. Fue ahí delante, unos metros más allá, donde el cuerpo se precipitó a la negrura azulada y asesina de las rocas del acantilado y ahora ella estaba allí de nuevo y lo impediría, no le iba a dejar caer. Le detuvo. Se besaron con pasión mientras la fresca brisa salada le atusaba los cabellos. Le obligó a volver, a regresar, a no seguir más allá, abrazándolo con ansiedad, rayando el paroxismo de la histeria.
No lo volvería a perder por segunda vez.
Y entonces sintió como sus brazos dejaban de abrazar, sintió una fuerza impetuosa y brusca que les separaba y volvió a ver los ojos rutilantes del reloj de pared y al Tiempo hecho brisa que revoloteaba alejándolos e intuyó unas manos que empujaban un cuerpo al abismo y un grito y sus lágrimas de impotencia y de nuevo la brisa jugando con su pelo y sintió la caricia de las manos de Cronos sobre su rostro, y ella palmeó el aire, intentando arrancar aquella pesadilla hecha áurea sobre su faz y sintiose cómplice culpable de aquel crimen.
- ¡Tú le mataste ¡ - gritó sollozando al vacío- ¡Tú le has matado¡ . ¿Por qué ? .
y recordó la sensación, el estremecimiento amoroso del dios del Tiempo y lo entendió todo.
Por celos, por amor.
- Si no te hubiese conocido, él quizá seguiría vivo ya que tú eres su asesino.
Quiero quiero regresar al futuro inmediato, a ese instante anterior a mi deseo de ser tu amiga, a ese instante en que el reloj de pared aun no era nada mas que un simple reloj y tú aun no existías. ¡Maldito seas! .
Sintió la caricia de unas invisibles manos temblorosas sobre las suyas, unas manos de un Dios que sabía que había perdido la amistad de aquella mujer para siempre, el amor que nunca le daría y a cambio había ganado su odio y su rencor infinitos.
Cronos, por deseo de ella, la regresó al presente y
- ¿Por qué estás destrozando el reloj, cariño? le preguntó confundido el hombre con el cual caminara un día, juntos, por el borde del abismo-
- Porque no quiero que el Tiempo te arrebate de mi lado.
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